La labor optómetra en Colombia tiene una fama bien ganada y todo por ser un sector vanguardista en la profesionalización y formación de verdaderos expertos en la salud visual.
Los seres humanos deben acudir periódicamente al optómetra para adelantar chequeos y así evitar enfermedades como la miopía, hipermetropía, astigmatismo y otras alteraciones oculares. Colombia como se citó, cuenta con una optometría de avanzada, que diferente a otros países muestra una formación totalmente profesional y clínica, más no técnica. El país tiene normas inveteradas que le dan confiabilidad a los servicios prestados y no en vano suma diez universidades de gran prestigio que albergan la carrera en ciudades como Barranquilla, Cartagena, Medellín, Bogotá y Bucaramanga.
Nuestro invitado de hoy definió la optometría como la ciencia encargada de diagnosticar, recomendar tratamiento y corregir los llamados defectos refractivos y acomodativos. De igual forma la define como una disciplina especializada en el diseño, cálculo, adaptación y control de lentes oftálmicos, así como de lentes de contacto.
Colombia, un país con 50 millones de habitantes muestra un déficit en profesionales, ya que algunos estudios hablan de 0,76 especialistas por cada 10.000 personas, todo un lío porque los problemas visuales crecieron exponencialmente por el envejecimiento y el aumento en la expectativa de vida.
Hoy las personas están reportando múltiples problemas oculares como hipermetropía, cataratas y modificaciones súbitas en la coordinación visuo-motora e inconvenientes por fuerza luminosa. Los casos aumentaron según los especialistas por el uso y el abuso de dispositivos electromagnéticos como televisión, celular, computadores, videojuegos y tabletas.
La realidad para los profesionales de la salud que se ocupan de los ojos es compleja, porque hay retos y mucho trabajo por hacer ya que la nueva era sigue trayendo avances, pero igual agudos problemas médicos. A lo anterior se suma una dificultad que sigue aumentando en las ópticas y tiene que ver con informalidad, falta de profesionalismo y ausencia de ética, factores que golpean a quienes fueron a la universidad y destinaron parte de su vida a estudiar la salud.
Algunas consultas de optometría suelen ser una cita a ciegas

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el optómetra Michel Steve Carvajal, dijo que lamentablemente la parte económica está superando el bienestar de las personas, un problema que en los últimos años ha tenido la salud, porque sigue mandando la parte comercial, la venta de servicios, pero muy poco la atención que demanda el cliente o el producto que pide su recuperación o corrección.
En su disertación el contertulio insistió en el relieve que alcanzó la optometría en Colombia, no solo por ese perfil vanguardista sino por la calidad en los servicios prestados, empero, reconoció que hay serios problemas que afectan a todo un sector más en tiempos en los que la plata escasea y las personas buscan lo más económico e inclusive lo indebido.
Comentó que la mayoría de las ópticas o centros ópticos que operan en la ciudad y en el país, no tienen personal calificado para realizar una consulta o para atender a un cliente como paciente, un lío de gran calado porque en la mayoría de los casos en donde hay inconformidad, esos sitios no le responden a quien pagó por una consulta, una formulación y una solución visual.
“No hablo de todas las empresas porque las hay muy responsables, pero la mayoría de las ópticas, no están respondiendo por los trabajos, pues hay casos en los que las personas invierten 100.000, 300.000, 500.000 o 700.000 pesos por un encargo clínico y no les están respondiendo para darles su visión 20-20, esto es, con excelente agudeza visual. Ahora bien, no todos los pacientes pueden llevar una visión 20-20 porque hay diferentes patologías o diversos defectos refractivos, situaciones que impiden una plena perspectiva”, expuso el señor Carvajal.
Indicó que el optómetra debe ser muy claro con su paciente en el momento de la consulta para precisarle cómo quedará su parte sensorial una vez utilice las gafas recetadas. Instó a los centros ópticos a hacer un exhaustivo trabajo de campo, el cual consiste en poner las gafas en una montura para saber a través de una prueba ambulatoria, en qué estado queda el paciente que finalmente es quien aprueba el trabajo para mandar hacer el lente, ese requisito, recalcó, ya no se hace.

Un problema literalmente visible son las EPS, entidades que destinan 15 minutos por paciente, una limitante para el optómetra que no pueda auscultar con el mínimo detalle al solicitante de consulta.
Para el profesional puede decirse que por el déficit reportado, más la atención insuficiente en las EPS, las consultas de optometría pueden tomarse como una literal cita a ciegas, teniendo en cuenta la expectativa del paciente, porque es tan poco lo que se hace en el reducido tiempo, que la salud de las personas puede verse seriamente amenazada. El problema se da igualmente porque a criterio de Carvajal, los pacientes llegan totalmente desinformados, desconociendo qué óptica está habilitada para hacer ese tipo de trabajos, lamentablemente, indicó, existe esa tremenda duda.
Apuntó que fácilmente en Bogotá están habilitadas el 70 por ciento de las ópticas por el ministerio de Salud, ello por cumplir con todos los estándares de calidad exigidos para darle luz verde a un centro óptico. Manifestó que la pregunta es qué pasa con el 30 por ciento restante, una total incógnita porque la gente llega a consulta y no pide la tarjeta profesional para saber que va a ponerse en las manos de una persona totalmente capacitada para tratar sus ojos.
Denunció que últimamente han llegado al mercado de la optometría muchas personas empíricas, sin ninguna formación o acreditación universitaria, tan solo con lo aprendido en las ópticas en donde vieron trabajar durante años a un optómetra, asumiendo que aprendieron y autoproclamándose profesionales en total desmedro del sector y de la ética.
Sobre el tema, subrayó que la preocupación es toda porque muchos creen que un ojo lo revisa cualquiera, ven ese sentido y sus complicaciones como algo sencillo, que no requiere estudio y mucho menos un diploma o una acreditación profesional, buscan a toda costa desde la informalidad e ilegalidad deslegitimar a quien fue a la universidad y dedicó cinco o seis años para poder examinar y expedir una fórmula que garanticen salud visual.
Consulta regalada, otro inconveniente

Según el optómetra Michel Steve Carvajal, otro dolor de cabeza en el sector es la famosa consulta gratis, un factor lamentable que se volvió el diario vivir de los optómetras, algo apremiante porque cada profesional paga entre cinco o seis millones de pesos por cada semestre para obtener finalmente un título a los cinco años, lo que representa entre 60 y 70 millones de pesos, sin hablar de materiales, transportes, alimentación y todo lo que pide el formarse de la mejor manera, eso en condiciones normales, porque si fue por la vía del ICETEX, el costo puede ser casi el triple. En fin, toda una inversión en tiempo y dinero que prácticamente se va dilapidando por el accionar de las multinacionales a las que tan solo les interesa facturar y crearon la figura de consulta gratis, todo un sofisma porque dentro del valor de las gafas va implícita la tarifa de servicios profesionales.
Todo pasa, dijo Carvajal, porque no hay comprensión, la información es poca y fuera de eso, los centros ópticos reciben todas las tarjetas de crédito, el gran inconveniente es si al final del ejercicio, la persona no ve bien con las gafas formuladas, el tema es de público conocimiento, a las quejas que llegan no les paran bolas y generalmente no se responde por el trabajo que quedó mal hecho. Los sitios en donde posiblemente aceptan la falla, hacen la fácil, le descuentan el lente al optómetra.
“Las empresas de gran tamaño nunca van a perder, ganan con cara y con sello pierde el usuario o el empleado, pero su flujo de caja no se verá impactado. Muchas compañías no adquieren lo último en tecnología, compran lo más barato y agudizan un problema que sigue creciendo, dicho de otra forma hay firmas irresponsables, como también optómetras profesionales que no conocen la ética, el gran vacío del sector, porque con lo que se ve hoy, cualquier persona puede montar una óptica. Mire, si usted no sabe de optometría, no se complique, invierta en ópticas que funcionan con personas sin la mayor preparación, no egresados, posible sexto, séptimo u octavo semestre de carrera, porque ese individuo cobra 70.000 pesos por el día, mientras que un profesional acreditado y debidamente titulado no se baja de 180.000 o 200.000 pesos el día laborado. El tema en este esquema de empresas es producir mucho y pagar poco, la calidad no es relevante, necesitan negocios rentables sin importar el daño colateral o perjuicio ocasionado por no tener verdaderas estructuras oftalmológicas profesionales, repito, esto no es de todo el mercado, pero sí de una parte considerable”, señaló Carvajal.
China, un problema que entra hasta por los ojos

Como si fuera poco, ahora el mercado de chucherías y baratijas también compite con la oftalmología, ya que en sitios de calle en donde pulula el comercio informal venden gafas traídas de China con diversas fórmulas, arreglando el problema de miopía por 6.000 o 10.000 pesos, sin consulta y a la de Dios. La tapa.
Esas gafas importadas del lejano oriente, son puestas a la venta para que la gente pueda ver a cortas distancias, para mejorar la lectura, esos anteojos, sin examen o aval clínico, pueden subir a 10.000 pesos, dependiendo el día y la tasa de cambio.
“A la persona le alcanzan las gafas, le miden las referencias, luego de leer una cartilla en donde las letras se ven bien, el tema queda resuelto, estas son sus gafas, hasta la vista. Esas gafas en donde un optómetra valen entre 80.000 y 100.000 pesos, pero lamentablemente, con la dificultad de ingreso y la elevada tasa de desempleo la gente busca las de 10.000 pesos, sencillamente porque no tiene más plata o su salario tan solo le da para eso”, explicó el optómetra.
Dijo que son varias las amenazas para la salud, la informalidad, los trabajos espurios, ofertas de bajo costo sin la plena seguridad que no habrá afectación por el producto adquirido, en este caso, argumentó el profesional, puede, fácilmente, salir más caro el remedio que la enfermedad. Ahora el mercado está regido por multinacionales, algo que hasta no hace mucho tiempo era desconocido en Colombia.
Sobre el sector, el optómetra aseveró que la óptica 20-20, existe en Colombia desde hace 15 años, un servicio relativamente joven. El mercado y las condiciones han cambiado porque anteriormente, para el caso de Bogotá, era muy usual acudir a los centros ópticos de la calle 19 en el centro capitalino, lugares que aún operan y en donde es mucho más factible que respondan por lo que se hizo mal, lo que no ocurre en las empresas de marca o cadena.

El otro gran palo en la rueda para tener un sector optómetra dinámico y confiable, es la guerra del centavo que infortunadamente se reporta en todos los frentes de la economía, no es un caso exclusivo de las busetas y las acostumbradas reyertas resueltas a velocidad pura, amenazas y vulgaridad, no, en la optometría ese fenómeno ya se ve y precisamente aparecen promociones, consultas cero costo y otras dádivas en donde las multinacionales arrasan con el empresario mediano o con aquel profesional que hace su trabajo de manera vertical.
Este profesional, egresado de la Universidad de la Salle jamás imaginó que tendría que competir en un mercado desleal, atiborrado de informalidad y carente de ética. Reconoció que no todo el problema queda con la llegada de las multinacionales, puesto que es mucho lo que debe hacerse al interior del sector por defender la probidad y la asepsia moral a la hora de hacer un trabajo.
A la gente, puntualizó, hay que ofrecerle servicios competitivos, de calidad o lo mejor es no prometer nada.
Un trabajo precariamente hecho en optometría puede generar daños paralelos como patologías ocasionadas por formulas deficientes, defectos refractivos o acomodativos, porque si los lentes no están destinados para las reales necesidades de la vista, que subsanen el problema que el ojo muestra a la hora del examen, se puede estar hipercorrigiendo o hipocorrigiendo, la consecuencia de aprobar una formula superior, obligando al ojo a hacer un esfuerzo mayor para poder ver la línea exacta, igual si la formulación es insuficiente vendrán daños a mediano y largo plazo.
Una recomendación profesional es no usar las gafas de la hermana o la mamá, porque vienen los fuertes dolores de cabeza, el comienzo de daños futuros en la vista.
Hoy el mundo está viendo menos
Una situación que tiene las alertas encendidas en optometría es la pérdida acelerada de visión en todo el mundo como resultado del uso indiscriminado y exagerado de dispositivos electrónicos, tal es el caso de los celulares, tablas, televisión y videojuegos, una tremenda complicación porque aparte de reducir la capacidad de ver, las hazañas tecnológicas y digitales están impactando la salud mental.

Lamentó que, en temas de maternidad y formación de los niños, las cosas no se estén haciendo bien, puesto que un menor al año de nacido recibe el celular de su madre como premio para que no llore, un juguete peligroso y un reemplazo del chupo sumamente riesgoso, porque los menores pueden tener más rápidamente miopía o defectos refractivos.
Otra recomendación para evitar mayores daños en salud por el uso de computador y otros dispositivos, tiene que ver con las pausas activas que resultan primordiales. También es importante darle manejo a las distancias porque si un niño va a usar el celular o el computador, la citada distancia debe ser mínimo de 33 centímetros para evitar daños, algo que amerita una campaña o un aviso de carácter urgente porque los niños manejan el computador sin el mínimo espacio, lo mantienen prácticamente pegado a sus ojos, grave asunto porque los estudios hablan que en el presente siglo la miopía está disparada, muestra índices altísimos, todo debido al uso excesivo de los celulares.
Para el caso del computador, la distancia sugerida es de 40 centímetros de la pantalla, factores que pueden evitarse si se hace caso a las recomendaciones de médicos y optómetras.
El poder devolverle la luz a quien perdió la vista o hacer que quién nació invidente vea, es un asunto más cercano a la ficción que a la realidad, porque si bien se han hecho estudios y mirado varios aspectos, la meta sigue lejana, y obtener un resultado favorable es muy difícil, porque las exploraciones hechas con personas que tienen degeneraciones maculares, las que ocasionan la pérdida de las áreas centrales del campo visual, o quien es ciego desde el nacimiento, no dejan un buen sabor. La instalación de microchips y otras tecnologías tendrán que seguir avanzando para que, en siglo y medio, la ciencia avance en ese sentido, porque se trata de desarrollos muy de punta que todavía se demoran.
De todas maneras, la gran meta de quienes trabajan en la salud de los ojos, está enfocada en poder obsequiar la vista, y por ello existen corporaciones que han comprometido su capital en ese tipo de investigaciones, en baja visión, que en la última década dio un salto alarmante.
Las gafas no solamente son una solución visual sino un accesorio que juega astutamente con la moda, ello por estilos, modelos, calzados y ropajes. Hay personas que tienen un juego de anteojos para una ropa determinada, dicho de otro modo, tienen diversos diseños en gafas, colores y tonos en la formulada lente, todo de acuerdo a la ocasión.

Las personas, afirmó Carvajal, deben hacerse revisar sus ojos anualmente y ello exige disciplina y compromiso consigo mismo. Tristemente la gente acude al optómetra y vuelve, si se acuerda, a los tres años o más, posiblemente obligado por un daño en los lentes o en las gafas.
Los ojos, lamentó el profesional, no son prioridad en el entorno colombiano que pide a gritos la implementación de una cultura en salud, porque lo verdaderamente urgente en la sociedad, es tener el mejor celular, vestir impecablemente, tener un carro potente, adquirir la tabla o computador más dotado, pero los ojos están de últimos en la enorme fila de prelaciones.
“La vida es esencial con la vista a plenitud, el sentido de vivir es el color y la belleza que captan los ojos, inclusive es fundamental tener plenitud visual a la hora de morir para poder ver en la partida a los familiares y seres queridos. Estamos hablando de un sentido básico”, destacó Carvajal.
En aspectos visuales, lo que incluye prevención lentes y gafas, los precios son distintos, de acuerdo con la capa social en la que se encuentre el paciente, pero hay lentes de gama alta que pueden costar 1.5 millones de pesos el más caro. Las monturas manejan varios rangos de precios, pero en lujo hay armazones que pueden superar los dos millones de pesos, sin hablar de aquellas que son hechas en oro puro. En gama baja es fácil conseguir monturas desde 20.000 pesos en adelante con lentes baratos de 20.000 pesos.
En optometría son muchas las cosas por corregir, en principio ganarse o recuperar el estatus, trazar límites y acatar las recomendaciones gremiales en temas tarifarios y profesionales. Hoy quien cumple con los valores reales, aseguró Carvajal, no tienen trabajo porque cobran lo justo.
El escenario económico y laboral más la llegada de los venezolanos, hizo que el panorama cambiara en el sector, porque según el experto un optómetra que devengaba en promedio 4.5 millones de pesos, paso a ganar 1.8 millones, un descalabro total.
Cierto es que lo barato sale caro y lo mejor no admite discusión, para atender personas que quieran un servicio confiable y dentro de un esquema social y básicamente profesional Carvajal dijo que recibe inquietudes en el correo Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Estudios, gafas y lentes, un trabajo para gente con visión
La optometría tuvo sus inicios en Estados Unidos cuando fue reconocida como profesión en 1901, de esta manera quedó atrás la práctica optómetra que se hacía por generaciones, pues algunos expertos en el tallado de lentes dejaban sus conocimientos en su descendencia, como quien dice de padre a hijo.
La primera Asociación de ópticos y optometristas fue creada en 1940 y en 1942 la Escuela de óptica y optometría erige la biblioteca sobre salud visual.

Un capítulo aparte demanda Joseph von Fraunhofer, un hombre de infancia dura debido a su huerfanidad, pues perdió a sus padres cuando apenas tenía 11 años. Siendo un niño trabajó como practicante en un taller dedicado al cristal de propiedad de Philipp Anton Weichelsberger.
Arrancando el siglo XIX, en 1801, el edificio en donde laboraba Fraunhofer se derrumba y el astrónomo, óptico y físico alemán es rescatado y acogido por el príncipe elector de Baviera, Maximiliano IV José, quien después sería Maximiliano I de Baviera. El noble benefactor compró los libros requeridos, patrocinó los estudios e investigaciones del científico, siendo vital en algunos avances como el método de manufactura de lentes o innovaciones en la producción de vidrio para microscopios y telescopios.
Sus trabajos lo llevaron a inventar el espectroscopio y a ser uno de los egregios fundadores de la espectrometría como disciplina científica.
Las investigaciones y los trabajos para mejorar la visión son de muy vieja data, la historia habla del árabe Ibn al-Haytham, también llamado Alhacén, como el científico que escribió libros de oftalmología en el siglo XI. Algunos aseguran que construyó lentes planas y biconvexas. El turno fue para la iglesia ya que el monje franciscano de origen inglés Roger Bacon, trabajó en un texto en donde afirmaba que un segmento de cristal hace ver los objetos mayores y más gruesos, un descubrimiento que ayudaría a personas de la tercera edad y de vista débil.
Los cronistas dicen que el también monje franciscano de Pisa Alejandro della Spina, fue quien inventó las gafas, un desarrollo apalancado en los libros de Catalina de Pisa. Fue la primera persona que afirmó haber fabricado lentes para su propio uso e inclusive para los más allegados.
Son muchas las teorías del origen de las gafas, pero todo parece indicar que los anteojos hacen su aparición en Venecia entre los siglos XIII y XIV, fruto del trabajo de los monjes que laboraban en la talla del vidrio, al parecer un regalo entre clerical y celestial.