Según la ciencia y la antropología el hombre empezó a coser ropa hace 40.000 años aproximadamente y es consecuente porque los primeros humanos enfrentaban los retos de la Edad del Hielo en pleno paleolítico superior, tiempos de mucho, pero mucho frío. Hay que precisar que la costura tuvo un inicio mucho más vetusto porque se dice que la humanidad empezó a cubrir su cuerpo hace 170.000 años y para ello utilizó pieles de reno, caballos salvajes, bisontes, osos y ciervos.
Al mirar hacia el pasado, hay que ir 40.000 años atrás para ver humanos confeccionando ropa precisa, pegada al cuerpo, no se trataba solo de cubrirse, arrancaron en el oficio de la costura con punzones de hueso y posteriormente, hace unos 20.000 años cambiaron la técnica con agujas de hueso y marfil, una solución que permitió fabricar además capas y calzado, después los primeros pantalones. Esos fueron tiempos demasiado duros, algunos primitivos murieron en las jornadas de cacería, otros lograron el objetivo, consiguieron carne y trataron pieles con sal, ceniza y hasta ocre para detener la descomposición de los enormes animales que pudieron sacrificar.
Las prendas de lana y algodón se usaron hace 25.000 años por primera vez y de allí salieron vestuarios para abrigo y protección, pero se lograron hilos de plantas como el agave, un avance que facilitó un mejor vestir.
En el mundo surgió una solución de muchísima utilidad que permitió ganar dinero, fomentar empresas y mejorar la calidad de vida, se trata de una de las buenas herencias de la Revolución Industrial y fue la máquina de coser que, si bien tuvo sus inicios en 1790 en las postrimerías del siglo XVIII cuando el inglés Thomas Saint inventó y patentó un concepto innovador y tenaz para la época, una máquina capaz de coser cueros y lonas. La primera solución llamó la atención y puso a más gente a buscar métodos mas versátiles, es así como en 1830 el francés Barthélemy Thimonnier, un sastre del momento, presentó la máquina de madera con la técnica punto de cadeneta que resultó muy oportuna para coser prendas militares. Como anécdota quedó que este tremendo bien fue destruido por un grupo de sastres que lo vieron como enemigo para sus trabajos.
Singer, desarrollo a toda máquina
Ya en 1846 le correspondió al estadounidense Elias Howe patentar la que se puede describir como primera máquina de coser sencilla y de fácil manejo la cual contaba con aguja y ojo en la punta, pero fue hasta 1851 cuando se registró en la oficina de patentes una máquina muy superior y totalmente optimizada, la socializó el señor Isaac Merritt Singer quien mostró una cosedora distinta, tenía brazo vertical, un accesorio esencial, el prensatelas y además contaba con pedal, sistema que conllevó a una costura incesante, técnica de acción continua, una corrección y una puesta en marcha de la moda que terminó siendo la herramienta de madres y abuelas en los hogares, pero desde luego el instrumento más audaz para los grandes diseñadores de prendas, dicho de otro modo una bendición para uso doméstico e industrial.
Singer no paró, en la recta final del siglo XIX, en 1889, la firma lanzó la primera máquina de coser eléctrica, una solución que disparó la producción industrial y que de manera paralela les abrió oportunidades a muchas amas de casa que incrementaban los ingresos hogareños remendando prendas, cambiando cremalleras y hasta diseñando y confeccionando vestidos.
Sin duda, la fiel máquina de coser fue un colosal invento, no solo ayudó con la costura a gran escala en las enormes fábricas de confección, igual mostró una manera justa de liberar y universalizar la moda, una propuesta que agradecieron muchos en su momento, pero que fue resistida por las prevenidas asociaciones de sastres.
La automatización fue determinante, los aparatos eléctricos para coser que después de registrar 40 puntadas por minuto pasaron a 900 puntadas por minuto, un salto que redundó en mejoras para el sistema moda. Actualmente, en pleno siglo XXI las máquinas llegan computarizadas, aperadas con pantallas digitales y programadas para hacer bordado de manera automática, un aparato de hoy tiene software y desde ya la vertiginosa tecnología sugiere que pronto estarán en el mercado las nuevas máquinas acondicionadas con inteligencia artificial, IA.
Por estos días se prepara todo para el próximo Salón de la Industria para la Confección, Createx, encuentro empresarial, académico y del conocimiento soportado en una plataforma que además muestra lo último en bienes y servicios en Colombia para la industria textil y de la confección, un escenario encauzado igualmente en la moda circular y en todo lo correspondiente a la sostenibilidad de las cadenas de valor, un evento en el que se escucharán voces autorizadas en el ramo y todas las experiencias y vivencias de un sector pujante, valiente y cada vez más integrado que tiene como reto seguir vigente debido a sus capacidades, empero también a sus diseñadores y empresarios.
Cabe precisar que Createx como plataforma implica una vitrina para la industria y el sistema moda que supera fácilmente los 4.710 millones de dólares en el mundo. El esperado salón de la industria de la confección tendrá lugar en Corferias entre el 12 y el 14 de mayo próximos.
La industria sigue dinámica, más allá de los problemas internos y exógenos, las empresas continúan apostando por un sector que fue emblemático en Colombia por empresas líderes y vanguardistas como Coltejer, Fabricato, Tejicondor y muchas que tuvieron sede en Bogotá, Cali, Santander, el Eje Cafetero y otras regiones en donde a la par con loterías, licoreras y rentas departamentales prosperaban empresas de textiles y confecciones que abastecieron al país incipiente desde 1950 aunque la costura en el territorio tiene precedentes en los tiempos prehispánicos cuando ya existía la tejeduría para vestir nobles y naciones indígenas potentes como los Muiscas.
Los confeccionistas y la gran industria textil tuvieron su momento en la colonia cuando se apelaba a la costura manual y a los tejedores del momento que eran esenciales para el diario vestir, así como para proveer el hogar con cobijas y lencería. En ese tiempo el sur de Colombia fue famoso por suministrar ruanas y telas.
Previo a la apertura de la gran cita en este 2026 los organizadores del afamado evento llevaron a cabo el Laboratorio Createx, un entretenido espacio experimental hecho a la medida para reunir a todos los actores de la cadena y ponerlos a tono con la industria de la confección.
El anfitrión de esta actividad fue la empresa Impocoser, firma líder en Colombia con más de 29 años de experiencia. La compañía fue fundada en 1997 y con el tiempo se especializó en la importación y distribución de maquinaria, repuestos como también tecnología para sectores trascendentales como textil y confección. La firma a caminado a la par con la evolución y la llegada de la tecnología de punta, razón por la cual comercializa soluciones automatizadas ideales para optimizar la producción lo que explica porque hay en su portafolio marcas de maquinaria industrial de gama alta.
La empresa maneja líneas hogareñas que ofrece máquinas de confección, fileteadoras familiares y bordadoras familiares así mismo equipos industriales para confección a gran escala, equipos de bordado, soluciones efectivas y apropiadas para productividad en la confección, líneas de marroquinería y talabartería, denim y trabajo pesado, tejido de punto y equipo de corte.
En máquinas especializadas, el portafolio cuenta con sala de corte automatizada, planchado y fusionado, termosellado y bonding, línea automatizada de camisas, sublimado y Direct to Film más conocido como DTF.
La compañía con su sofisticado centro logístico en la Zona Franca de Occidente, municipio de Mosquera tiene más de cien distribuidores a nivel nacional. La firma no se queda solo en el despacho de bienes de capital, ofrece también asesoría técnica, repuestos originales y maquinaria para la automatización de los talleres de confección.
Según datos de impocoser, las importaciones de maquinaria para confección superan los 56 millones de dólares en lo corrido de 2026, cifra que ratifica que la industria está en pleno crecimiento.
En charla con Diariolaeconomia.com, el gerente de Impocoser Higor Rojas recalcó que el mercado de bienes de capital para la confección sumó en 2025 más de 4.710 millones de dólares a nivel global, mostrando el dinamismo y el relieve que sigue teniendo el sector textil y de creaciones de prendas de vestir.
Según el directivo, al analizar las cifras recientes de comercio exterior, las importaciones de maquinaria asociada a la confección continúan mostrando una dinámica positiva en Colombia ya que entre enero y febrero de 2026, estas alcanzaron los 56,9 millones de dólares CIF, frente a 55,1 millones de dólares en el mismo periodo de 2025, demostrando un crecimiento sostenido del sector.
“Solo en febrero de 2026, las importaciones sumaron 29,9 millones de dólares, un incremento significativo frente a los 22,4 millones en divisa americana registrados en febrero del año anterior. Este comportamiento refleja una mayor demanda de tecnología para fortalecer la productividad y competitividad de la industria nacional. En línea con este crecimiento, la tecnología continúa siendo un factor determinante para la evolución del sector. Hoy la maquinaria no solo optimiza procesos, también redefine la calidad, la velocidad y la capacidad de respuesta de toda la cadena productiva”, declaró el CEO de Impocoser Higor Rojas.
Si bien la fundación de la empresa se dio en 1997, desde hace 30 años se viene trabajando en una compañía sólida, eficiente, confiable y rentable porque quienes adquieren sus bienes de capital con el grupo, saben que llevan lo mejor no solo para las respectivas empresas, también para sus casas en donde la máquina de coser es no solamente la herramienta para remendar o mejorar las prendas de la familia sino que logró consolidarse como una fuente de ingreso en lugares vulnerables puesto que en donde existe una solución de este tipo, con seguridad hay pan en la mesa.
En medio de la plática, Rojas evocó a su señor padre que comercializó máquinas de coser usadas, un negocio interesante que no solo generó recursos, sino que despertó en el progenitor un amor profundo por las anheladas máquinas de coser, un legado que le traslado a Higor que cuando cumplió 12 años sufrió la pérdida de su papá, ese buen hombre, amoroso y dedicado que le cultivo un chip especial por unas herramientas muy, pero muy especiales, tanto que cuando Higor llega a los 18 años reactiva la empresa iniciada por su siempre recordado e inspirador patriarca.
En opinión de Higor Rojas, la máquina de coser ha sido por tradición el sustento de muchos hogares, una realidad que se mantiene en el tiempo porque en estos tiempos muchas familias devengan su sustento de la modistería, la sastrería o los remiendos, una solución magnífica porque permite trabajar desde la casa sin descuidar hijos y otras obligaciones del núcleo familiar.
Anotó que después de la experiencia de Colombia con la vetusta máquina de coser, el más grande anhelo es que este equipo tan familiar siga vigente y llevando tranquilidad económica a los hogares y por eso el interés de Impocoser por cuidar la industria de la confección en el país.
Máquinas de coser mucho más que un remiendo en los bolsillos
En Colombia la población que más acude a la máquina de coser es la femenina que generalmente acude al emprendimiento casero pues como se dijo, ven en sus equipos no solamente el medio para reparar ropaje familiar sino como una fuente de ingresos, pequeños talleres que paulatinamente adquieren máquinas planas, fileteadoras y collarines.
El mercado de máquinas caseras o domésticas, según cálculos de Rojas, puede estar por el orden de las 50.000 anualmente, aunque hay espacio para que más hogares adquieran si máquina de coser porque en buenas manos se vuelve una compra rentable, a tal punto que la están demandando también creadores y personas que quieren lograr sus propios diseños o elaboraciones al amparo de su techo, también personalizar producto, bordar y hacer modificaciones, algo que corrobora que más personas están utilizando la máquina de coser también como pasatiempo.
La firma no ha sido ajena a la responsabilidad y el tejido social, saben que todas aquellas personas afectadas por el conflicto armado y por otras circunstancias que las obliga a abandonar el terruño podrían pasarla mejor con una máquina de coser porque con ella se aprovecha el tiempo, se gana plata y hay distracción e inclusive activación de la inventiva porque una mujer que aprende a maniobrar estos equipos termina diseñando y fabricando ropa.
“De hecho nosotros hemos desarrollado varios procesos productivos con víctimas del conflicto armado y con reinsertados de la violencia, inclusive le hemos vendido al Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, INPEC, equipos de costura que son utilizados por los reclusos que los ocupan por programas e incentivos de confección, luego la máquina de coser sigue siendo una muy buena opción de trabajo así como para todas esas personas que buscan rehabilitarse para regresar con conocimiento y espíritu emprendedor al seno de la sociedad”, apuntó el señor Rojas.
Por espacio de dos siglos largos, aproximadamente 236 años, la máquina de coser a estado con las familias, en la industria de la moda, en las guerras porque creo los uniformes de las tropas, pero siendo la herramienta básica para modistería y sastrería que sigue evolucionando y sorprendiendo porque cada vez las máquinas son aperadas con asombrosas tecnologías y con motores silenciosos de menor consumo, mayor rendimiento y más potencia, totalmente avanzadas y listas para dar nuevos pasos como adaptación de inteligencia artificial, totalmente automáticas y eficientes, garantes de mayor producción en la industria, un componente adicional de competitividad, oportuno en estos momentos de mayor salario mínimo y reducción de la jornada laboral, un reto para ser más eficaces buscando que la confección se quede en Colombia y no considere la importación de prendas hechas en el exterior con mano de obra mucho más barata.
En cada hogar, bisabuelas, abuelas y madres disfrutaron de sus máquinas de coser, unas cuantas de estas matronas aprendieron modistería o se dieron mañas para aprender y con ese conocimiento decoraron la casa, diseñaron y confeccionaron la ropa de los hijos y con el tiempo la del vecindario o atendieron la demanda de medio pueblo que llegó con figurín en mano. En principio todas las señoras de la casa soñaban con tener una Singer y presumían de su marca, la mejor del mercado, pero vino la globalización y aparecieron nuevas máquinas y novedosas marcas que compitieron fuertemente con Singer y otros sellos potentes que venían haciendo historia.
Este fenómeno comercial hizo que las máquinas bajaran de precio, que los equipos fueran más accesibles y que muchas más personas cristalizaran el sueño de emprender y hacer empresa con cosedoras confiables y duraderas. De todas maneras, precisó Rojas, Siger fue una de las máquinas pioneras en el mundo y entraron en el corazón del público porque parte de la estrategia era venderlas a crédito lo cual generó fidelización. Casualmente Impocoser es distribuidor autorizado de la marca estadounidense Singer, fundada por un abogado que logró masificar la maquina de coser práctica y de uso doméstico.
Esta marca que vio la luz en Nueva York, escaló pronto en los mercados hasta lograr una admirable globalización y reconocimiento del mercado mundial, a un nivel tan elevado que tuvo que poner a funcionar otras fábricas en distintas latitudes como Escocia, Alemania, Francia e Italia. A la fecha, la empresa montó plantas en China, Vietnam, Taiwan y Brasil.
Hoy con la entrada de tantas marcas, explicó el gerente de Impocoser Higor Rojas, se consiguen máquinas de coser a razón de 500.000 pesos aproximadamente, toda la posibilidad para que la herramienta sea adquirida para hacer arreglos caseros, personalizar productos o generar ingresos. Para el experto, muchas mujeres dejan su protagonismo en el hogar para incursionar como emprendedoras gracias a su máquina de coser, una fuente digna de ganancia muy importante porque suma y ayuda.
Como suele ocurrir en la economía, por asuntos geopolíticos, tasa de cambio o apuros logísticos, el valor de las máquinas trepa de precio porque desafortunadamente Colombia no produce estas soluciones ideales para coser, situación que lo hace depender de unas importaciones sujetas a la variación del precio del dólar o a cualquier otro fenómeno de impacto en la economía.
“Lo que hemos visto en tendencia es que las máquinas han mantenido su valor y siguen siendo uno de los bienes que puede obtener ganancias con muy baja inversión a diferencia de equipos o maquinaria amarilla que exigen desembolsos muy grandes y que requieren de uno o dos empleos para su operación. Una maquina cosedora de 500.000 o tres millones de pesos en promedio sencillamente puede transformarse en un puesto de trabajo de mucha calidad y tranquilidad e donde el manejo de los horarios hace todo más funcional”, señaló el muy amable empresario.
El gerente de Impocoser Higor Rojas destacó la importancia de Createx, el salón más trascendental para la confección en donde habrá espacio para ver telas, textiles, hilatura y los más revolucionario en maquinaria y equipos de última tecnología en confección de ropa, igual equipos muy modernos de corte de tela, planchado, sublimado, automatización, máquinas domésticas, insumos y todo lo relacionado con diseño, corte y confección. Por eso muy seguramente asistirán expositores de telas como las líneas textiles de Patprimo, asimismo podrá verse lo mejor en botonería, cremalleras e infinidad de insumos dentro de lo que entra la adelantada impresión textil, equipos para personalizar, un contexto que le permitirá a los empresarios actualizarse y conocer de primera mano las nuevas tendencias.
En esta versión de Createx, no solamente se abordarán temas como sostenibilidad sino la manera como se pueden reutilizar muchos materiales pues en una feria realizada en Italia en la el empresario participó en Italia, logró ver el reciclaje y aprovechamiento de fibras de ropas viejas y otras confecciones en desuso que son nuevamente procesadas para obtener fibras nuevas.
La empresa, Impocoser, sigue muy comprometida con talleres de la micro, pequeña, mediana y gran empresa, por eso insiste en la importancia de la sostenibilidad, competitividad, calidad y eficiencia para triunfar en un mundo globalizado mas no imposible, unos conceptos que llevan a cumplir metas en cada factoría y propender por ganar día a día nuevas capas de mercado y para ello la compañía importa nuevas tecnologías, servomotores, una solución reciente, flamante, silenciosa y sumamente eficiente para máquinas industriales, una de sus grandes características es que con solo pisar el pedal el impulsor se activa bajando vibraciones y consumo de electricidad. Atrás, manifestó, el gerente, quedaron los motores voluminosos, ruidosos y devoradores de grandes cantidades de energía eléctrica, hoy, remarcó, se imponen los equipos de precisión que permiten ahorrar y evitar desperdicios de telas e hilo, así como de otras materias primas.
Hoy las máquinas de coser hacen parte de una economía que va desde lo más elemental en casa hasta grandes empresas, unos equipos que pueden igualmente definirse como el inicio de una vida, de una fábrica, taller o emprendimiento.
Afortunadamente Impocoser ha sido testigo de muchas compañías que nacieron con su máquina doméstica y ahora son estructuras industriales que lograron una importante musculatura financiera que les permitió adquirir equipos mucho más grandes y eficientes puesto que se hicieron visibles, confiables y dueñas de una bien ganada reputación y un sólido know-how.
Qué desastre, ni modista ni sastre
Recorriendo calles en distintos lugares del país es notorio ver el marchitamiento de sastrerías y sitios de modistería, quizás el relevo generacional no llegó y aquellos nacionales que pusieron su vida en la creación y en la costura se acabaron, o simplemente llegaron a un punto consecuente de agotamiento. Ese era un oficio de muy buena renta. Los talleres, bien fuera sastrería o los ocupados por las necesarias modistas eran grandes generadores de empleo, el trabajo fue arduo, tanto que la ropa para estrenar en diciembre independientemente del evento, grados, matrimonios, primeras comuniones o la pinta infaltable en temporada de fin de año tenía que mandarse hacer con tres meses de anticipación, fueron tiempos memorables para la costura porque no hubo un barrio en Bogotá que no tuviera su alfayate, costurero, confeccionista o remendón.
Años atrás la economía tuvo más dinámica por todos estos actores, los almacenes especializados vendían más paños y telas, era obligado ahorrar para el corte que terminaba en el nuevo traje, generalmente varios diseños y opciones para eventos y oficina.
“Este es un fenómeno social que conlleva a formular muchas preguntas y en efecto tiene que ver con los problemas en relevo generacional porque los jóvenes no quieren quedarse sentados frente a una máquina de coser y por eso el reto de automatizar para que la industria se mantenga y rescatar la experiencia del sastre y la modista, personas con ciertos procesos que sí han desaparecido con la búsqueda de tecnología que faciliten la confección de tal manera que el operario sea solamente el acomodador de tela y no una persona con tanta experiencia en la producción, entonces es lo que vemos como tendencia y hacia allá va la industria”, comentó el gerente de Impocoser.
Otro punto que invita al análisis de la pérdida de modistas y sastres es que con los subsidios y el asistencialismo, la gente quiere todo fácil y sin trabajar, para el tema moda, muchos se alejaron de las máquinas tanto para operarlas como para repararlas, un asunto esbozado en muchas reuniones en donde confeccionistas y empresarios se quejan recurrentemente de la dificultad para conseguir mano de obra para la producción de ropa.
Finalmente, el docto dijo que los equipos y máquinas chinas han logrado una formidable evolución por cuanto en sus 26 años de viajes al gigante asiático vio un crecimiento exponencial en calidad, rendimientos y posibilidad de compra porque se trata de un país muy consolidado en producción de maquinaria y vehículos, pero también líder en otro tipo de mercados, condición que los ha llevado a mejorar mucho el atributo de los bienes ofertados por lo que siguen a la vanguardia en obtención de soluciones, un poderío que los condujo a fabricar el 90 por ciento de las máquinas de coser que se distribuyen por el mundo.
En máquinas de coser, concluyó Rojas, los chinos han copiado de las grandes marcas y hoy están superándolas en diferentes particularidades.