Los gobiernos, sectores económicos, empresas, sociedades y familias suelen pasar por las famosas crisis, palabra o término que se creo en la antigua Grecia, expresión que fue evolucionando enérgicamente con el paso de los años o mejor, de los siglos. Según el verbo griego “krinein esta palabra se relacionaba con decidir, juzgar o separar. En su momento Hipócrates y los médicos de la época la usaron para definir momentos difíciles de los pacientes en donde vendría la curación o la muerte.
Este término pasó por los juzgados en juicios complejos y concluyentes. De todas maneras, las grandes crisis fueron reportadas según los historiadores entre los siglos XVII y XVIII ya que, con el surgimiento y crecimiento del comercio, la creación de las monedas y las grandes transacciones la expresión crisis salió por un momento de la medicina para instalarse en el complejo mundo de la banca, los mercados y la economía.
Antes de ir a las finanzas podría decirse que la primera gran crisis de la humanidad tuvo que ver con pandemias y enfermedades sumamente letales y allí encaja a la perfección la Peste Negra, epidemia terriblemente demoledora y catastrófica reportada entre 1346 y 1353 con gigantes y luctuosos saldos en Europa y el Norte de África, a tal punto que le costó la vida al 30 o 60 por ciento de la población europea pues en medio de los debates se habla de entre 50 y 200 millones de muertos.
Ya en materia de finanzas, los reportes dicen que la primera gran crisis fue la de los Tulipanes en 1637, para los expertos la primera burbuja financiera de consideración en Países Bajos.
Igual quedó plasmada en la historia la crisis inglesa de 1772 que estalló en Londres con el sistema de créditos en las entidades financieras, de manera eléctrica el problema se diseminó por escocia, Países Bajos y otras naciones europeas, igualmente el llamado pánico golpeó las colonias en América dejando ver lo que era un hecho sin precedente, los apuros financieros llegan fácilmente a otras partes, tal cual un contagio.
Dentro de todas las crisis se puede decir que la mami es la Gran Depresión la misma que estalló en 1929 generando en los años 30 una década difícil, con freno en las economías y con bajos niveles de confianza. Ese Jueves Negro puso en la mira a Wall Street punto de enlace de los capitales que al ver la caída sus efectos globales fueron automáticos, el hecho atomizó puestos de trabajo, entidades bancarias e hizo añicos el comercio internacional, un golpe fuerte para la totalidad del planeta que vio caer a un grande de la economía global.
Y aquí entramos al tema que nos concita este domingo, el café y sus vicisitudes, pero para no desentonar con el inicio recordemos las crisis del café, una cronología también vetusta en vista que se produjo en los comienzos del comercio global de grano. En 1824 apareció esa dificultad expresada en una tremenda caída de los precios como consecuencia de los trastornos pretéritos entre oferta de las colonias y demanda de los países europeos.
Después de un largo respiro surgió la crisis de 1897 y 1898 en donde el gran protagonista fue Brasil que tras una sobreproducción de grano despachó todos sus inventarios almacenados inundando el mercado el reactor para un desplome alarmante de los precios que castigó las actividades de comercio exterior. Sus alcances fueron inimaginables tanto como que culpan al hecho de serios inconvenientes económicos y sociales de encender la mecha que terminó en la Guerra de los Mil Días en Colombia.
El café igualmente la vio negra en 1929, vivió una tragedia que llegó de la mano con la Gran Depresión, una crisis de efectos globales que le pegó con toda su fuerza al consumo en los países desarrollados, lío que se vio en los inventarios que crecían en las naciones productoras con nuevos depósitos de café que estuvieron prácticamente congelados y con bajos precios.
La inestabilidad de los mercados y unas repetitivas fluctuaciones en oferta y demanda de grano luego de la Segunda Guerra Mundial redundó en la crisis cafetera de 1956. Fue un tiempo de descontrol porque ante una demanda que no progresaba, los productores dispararon la producción castigando precios y dinámica exportadora.
La cereza en el pastel llegó en 1989 con cargo a la ruptura del Pacto Cafetero o Acuerdo de Cuotas. Con esa decisión presionada por Estados Unidos se le puso punto final a décadas de tranquilidad y estabilidad en los precios que fueron regulados desde 1962 por la Organización Internacional del Café, OIC. Con la liberación del mercado que pasó a libre oferta llegó una crisis de magnitudes inimaginables porque afectó la estructura cafetera global afectando el ingreso de los productores, básicamente los más pequeños, que sufrieron por precios bajos, baja remuneración y una rentabilidad que llegó a ser irrisoria, eso sin hablar de los costos de producción, una pesadilla en las postrimerías del siglo XX porque los 90 y el arranque del siglo XXI en la década del 2000 fueron tiempos para el olvido, nada que un caficultor quisiera repetir.
Hoy los vientos que soplan no son muy alentadores y por eso la caficultura debe seguir adelante, pero con toda la prevención, activando protocolos y anticipándose a posibles circunstancias, algunas de tipo natural en donde no hay mayor maniobra y otras de tipo comercial y de producción en donde será vital el concurso del gobierno, de la institucionalidad cafetera, del Centro de Investigación del Café, CENICAFÉ, los productores y las mismas cooperativas, una cadena que permita leer el sector para tomar decisiones oportunas, bajando riesgos y asegurando futuro justo cuando se cerca el cumpleaños 100 de la Federación Nacional de Cafeteros que se dará en un 2027 a todas luces complicado, pero posible en tanto las cosas se hagan al derecho, una prueba afortunada que las crisis tienen antídoto.
En diálogo con Diariolaeconomia.com, el economista y versado en temas de café Roberto Vélez Vallejo afirmó que viendo la evolución de la cosecha cafetera es fácil encontrar pronta respuesta a los precios internacionales del café que trazan el precio interno de compra del grano local. Expuso que Brasil recuperó su nivel de producción lo que hace que el mercado tenga la percepción de estar bien abastecido y por eso las cotizaciones bajaron puesto que el café colombiano en la bolsa de Nueva York que estuvo casi a cuatro dólares con 50 descendió por debajo de tres dólares, casi dos dólares con 80.
Por otro lado, anotó, los cafeteros colombianos no han sido ajenos a eso que le sucede a cualquier proceso exportador con la revaluación del peso y por eso la carga que cerró el pasado viernes a 2´020.000 pesos se siguen moviendo por arriba de ese nivel llegando por momentos a 2´100.000 pesos, hay que recordar, expuso, que el mercado de la Gran Manzana cerró la semana con café a USD2.80 en tanto que en Colombia la tasa de cambio fue de 3.239 pesos.
“Este precio está muy parecido a los costos de producción y otra vez volvemos a enfrentar ese fantasma de estar produciendo casi a pérdida con relación al mercado internacional. He escuchado de cafeteros ya las angustias, un poco la incertidumbre y el clamor por lo que pueda pasar hacia adelante”, declaró el señor Vélez Vallejo.
Según el ex Gerente General de la FNC, resulta muy curioso que el mercado no haya reaccionado al tema clima porque si bien hasta el momento se ha pasado de agache desde el punto de vista de El Niño, todas las indicaciones dicen que a partir de noviembre y diciembre empezarán a verse las expresiones que vienen acompañadas con el retador evento natural.
Aclaró que este año la cosecha de finales de periodo ha estado tranquila porque hubo suficiente agua y porque ha llovido relativamente bien, e igualmente, apuntó, eso ayudó a que la cosecha de medio año o la de mitaca, esté relativamente bien protegida a pesar de lo que sigue en adelante. Anotó que ya los cafetales florecieron y están en la época del llenado del grano que con el agua que ha caído se puede decir que hay grano formado esperando qué pase en los próximos días o meses en vista que si viene clima seco el daño no sería muy grande.
Con sequía habría broca
En su plática informó que hay dos cosas que se pueden esperar, uno, en la medida que el clima se vaya tornando más caluroso vendrán mayores brotes de broca en vista que este escarabajo o gorgojo se reproduce más rápido con climas más cálidos y entonces, dijo, un ataque de broca a la producción colombiana de café no sería extraño.
El segundo factor, expuso el experto, es que la falta de agua afectaría la segunda cosecha del 2027, es decir la cosecha principal del próximo año porque los cafetales ante un verano muy prolongado empiezan a perder hojas e inclusive abortan la flor por carecer de las condiciones adecuadas de clima.
“Ese es el panorama, sin duda muy complicado, uno, de bajos precios, dos, incertidumbre de producción y tres, incrementos en los costos de producción originados en la nueva ley que está intentando pasar el gobierno la cual busca hacer cambios en los impuestos algo que impactaría fertilizantes y los insumos con los que se produce café, reitero el horizonte es bastante difícil”, enfatizó el docto en economía cafetera.
Pagar impuestos hoy es muy apremiante
Como se diría en el entorno popular, en caficultura el palo no está para cucharas, y un incremento a la carga impositiva en los niveles propuestos resulta dramático. A juicio de Vélez Vallejo, aumentarle el IVA en 19 por ciento al producto terminado de café es un tema complicado que los caficultores tienen que ver con escepticismo.
Vélez explicó que subir el IVA del 5 al 19 por ciento tiene un impacto mínimo sobre una taza de café porque el incremento sobre una libra del bebestible sería de 1.100 pesos o algo parecido ya que de la libra salen entre 50 y 70 tazas de café y por ello el impacto no es tan fuerte, aunque el consumidor nunca lo ve así porque relaciona el mayor costo con una tarifa mayor a un bien muy apreciado y casi considerado básico.
Otras cuentas dicen que una libra de café de mayor calidad o especial pasaría en promedio de 35.000 a 41.000 pesos, un incremento de 6.000 pesos en los 500 gramos, igual con un ajuste en taza, algo cercano a los 2.000 pesos, que no resulta tan alto para quienes pueden pagar atributo.
Recalcó que desde el punto de vista del productor la preocupación es mayor por el incremento en el precio de los insumos y los fertilizantes que son los que constituyen el costo de producción de café.
Otros costos que subirían y que afectan directamente al campo son los relacionados con bienes de capital, asunto que para algunos es tener al campo por fuera de la agenda del ejecutivo con las respectivas sumas y restas. En opinión de Roberto Vélez Vallejo, connotado economista, todo obedece a una situación muy desesperada que debe conducir a que el país piense con cabeza fría sobre las alternativas, y para un caficultor, es sabido, el costo de producción es terrible, pero también hay que contemplar, apuntó, las consecuencias de una catástrofe económica que en el país podrían ser muy superiores a cualquier efecto que pueda tener un incremento en los impuestos, entendiendo que a nadie le gusta que les suban las tarifas tributarias. Muchos, acentuó, ignoran que puede pasar cuando un agricultor o un caficultor afronte un encarecimiento en los costos de producción, pero al mismo tiempo, dijo, esa incertidumbre hay que trasladarla a algo que el país no ve y no toca porque aún no tiene el caos enfrente, pero una catástrofe económica, indicó Vélez Vallejo, lleva a un ciclo de incrementos volados en inflación y de aumentos gigantescos en un sinnúmero de cosas, algo inevitable y tenaz el día que eso llegare a materializarse y que ojalá nunca pase porque de acontecer el país hubiese querido pagar algo más de impuestos.
Frente a los tremendos desafíos fiscales, apuntó Vélez Vallejo, es necesario analizar un poco lo que se debe poner en la balanza y no solo en el café sino en todo el sector agropecuario.
“Yo sé, entiendo y acompaño a la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, cuando dice que miremos con cuidado y yo creería que en efecto habría que llamar al gobierno para decirle que miremos con cuidado muchas cosas, ciertos aspectos como bienes de capital para la agricultura y otros asuntos que claramente son de impacto directo sobre el mismo costo de producción porque si un agricultor no puede importar maquinaria, es imposible que sea más eficiente en su obtención, pero hay que sopesarlo muy bien con la situación tan complicada que tiene el país en términos económicos”, manifestó Vélez Vallejo.
Ideas hay muchas, una hacer el trabajo a la inversa, bajar el IVA, ampliar la base y dar por terminados los diferenciales que con una tarifa baja los agentes no tendrían problema en asumir un costo pequeño, pero para todos los empresarios o comerciantes, castigar los ingresos de trabajo, dicen algunos analistas, es ponerle freno al crecimiento económico, el impuesto de renta tendría que bajar para las pymes y mantenerlo en el 35 por ciento para las grandes empresas, las que tienen verdadera musculatura. Para ver que todo es posible se ganaría mucho acabando las exenciones a las rentas de capital que podrían aportar más de 50 billones de pesos, algo que llama poderosamente la atención porque ahí está la cura para el terrible mal.
En los actuales momentos, aseveró Roberto Vélez Vallejo, hay que revisar muchas cosas porque un estado no puede estar dando exenciones de impuestos en una economía que está rota, prácticamente quebrada.
Manifestó que está seguro que en el gobierno y esencialmente en el ministerio de Hacienda con la gente que está a la cabeza de esas leyes tienen que mirar el tema muy de cerca, pero igualmente el Congreso de la República.
Robusta, apuesta compleja, será una competencia entre Brasil y Vietnam
En los últimos días mucho se ha hablado de la posibilidad de que Colombia incursione en las siembras de café robusta, hay pilotos, empresas mirando el tema y varios sectores analizando el devenir con calculadora en mano.
Sobre lo que puede ser una realidad, el cafetero y economista Roberto Vélez Vallejo quien nació en el café y se entregó de lleno a él en tiempos de la FNC, recordó que, es una idea muy particular porque el proyecto que debe ser a gran escala así mismo financiado por empresarios porque seguramente el gobierno no entraría en un mercado y un sector que está diseñado expresamente para grandes capitales.
De otro lado, comentó Vélez, para tener el impacto que se necesita es perentoria la eficiencia y los altos volúmenes porque hoy muchos dicen que Colombia está importando café de Brasil y de otras partes, una cantidad cercana o algo superior al millón de sacos, el asunto es que para producir ese millón de sacos, puntualizó, Colombia debe tener por lo menos 100.000 o 200.000 hectáreas en café robusta.
La pregunta, expuso, es ¿dónde están las 200.000 hectáreas en este país?, dijo que puede que haya gente produciendo en grandes extensiones, en 2.000 hectáreas y el impacto de 2.000 hectáreas, expresó, es nada, son pocas 10.000 hectáreas y 50.000 siguen siendo nada.
De otro lado, informó el conocedor, tampoco puede decirse que Colombia producirá robusta a precios bajos porque en ese punto, afirmó, tiene serias dudas porque ello implicaría ser más competitivo que Brasil en donde se producen entre 100 y 150 sacos por hectárea. Anotó también que en Colombia la productividad de arábica son 20.5 sacos por hectárea, lo que lleva a otro interrogante, ¿Colombia es capaz de montar caficultura que pueda producir entre 100 y 150 sacos por hectárea? Pues de no ser así, recalcó, el país estaría por fuera del negocio. La otra sería competir con Vietnam que tiene una mano de obra casi regalada y unas producciones gigantescas de robusta.
“Yo siempre lo he dicho así, lo que vamos a ver muy pronto es que el mundo cafetero ha ido involucrando cada vez más robusta dentro de la mezcla total y sin duda buena parte del crecimiento lo ha ido tomando ese tipo de café. Más temprano que tarde, repito, ya lo estamos viendo, estaremos en presencia de una gran competencia en el contexto internacional entre Brasil y Vietnam por el mercado de los robustas”, afirmó Roberto Vélez Vallejo.
Evocó que Brasil era un productor de esos conilones que son robustas ya que pertenecen a la misma especie botánica, Coffea canephora, pero cosechaba entre 10, 11 y hasta 12 millones de sacos que básicamente se iban para el consumo interno del país. Dijo que hoy los brasileros producen entre 20 y 25 millones de sacos y van a seguir creciendo.
Como ya está pasando, precisó Vélez, empieza a salir robusta de Brasil al mercado internacional a competir con Vietnam, con Uganda y otros países africanos y jugadores del Sudeste Asiático porque no se puede obviar a Indonesia, una competencia totalmente por precio porque allá las calidades o características en taza son de cero a la hora de adquirir grano, dicho de otra forma gana quien lleve el café más barato y ahí sí, lamentó el reconocido economista, perdió Colombia por la falta de infraestructura que tiene el país porque si bien se cuenta con la Altillanura el asunto pasa por meter las grandes combinadas que tiene Brasil para recolección, pero como de costumbre, no se tienen las carreteras, si hay que utilizar los brazos gigantescos brasileros para irrigar surge seguramente otro problema, hay partes en donde todavía no llega el agua. Otra pregunta, ¿dónde está la competitividad para sembrar las 200.000 o 300.000 hectáreas en robusta?
Otro reto alarmante y neurálgico en Colombia es conseguir más de 10.000 hectáreas, es difícil comprarlas porque todo está diseñado en el territorio para no poder contar con grandes extensiones de tierra.
Viene el centenario de la institucionalidad cafetera y es glorioso
Se acerca el 2027 y los productores ya palpitan la celebración de los primeros 100 años de la Federación Nacional de Cafeteros, para Vélez Vallejo una fecha memorable, un centenario que no imaginaron muchos de los que asistieron a la fundación del gremio ese 27 de junio de 1927.
“Cuando se cumple 100 años es porque algo se ha hecho bien, que hay críticas es consecuente, uno puede estar o no de acuerdo, pero que hemos hecho en general la tarea lo demuestran 100 años de vida, gestión y apoyo a la caficultura por parte de la FNC”, apuntó el exgerente de la agremiación.
El 2027 será, desde el punto de vista de Vélez Vallejo, muy complicado pues lo ve enredado desde la perspectiva de producción, también los precios, pero matizó que la caficultura nunca ha sido ajena a ese tipo de eventos porque hay momentos en los que el productor está apretado desde el punto de vista rentabilidad y por momentos logró estar más tranquilo. Señaló que en los últimos 10 años ha habido sosiego y relativa holgura desde el enfoque de utilidad o ganancia.
Tocará, subrayó el economista, un añito más apretado, pero dijo claramente que no se comprende porque el mercado no ha tomado en serio el hecho de que se puede tener un Niño muy fuerte en Brasil también con una sequía grandotota haciendo que vuelva el ciclo de malas producciones y malos precios en esa nación, bajas obtenciones en Colombia y otras partes del mundo, un período de peores precios internacionales y por qué no, con una tasa de cambio más ajustada a los requerimientos del país.
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