Los pequeños productores del campo tienen encendida la luz la de la esperanza con el mandato del Presidente de la República Gustavo Petro Urrego, que tiene dentro de sus planes reactivar el campo, reducir las importaciones de alimentos y reavivar el sector primario, hoy atomizado por la política aperturista que destruyó empleo y oportunidades.
Mucho se habla de reforma agraria, un tema de todas las campañas y todos los tiempos, no es sino mirar la historia de Colombia para detallar que las últimas transformaciones en materia de tierra se dieron en 1936 con la Ley 200 en la presidencia de Alfonso López Pumarejo, la impulsada en 1961 por el Primer Mandatario Alberto Lleras Camargo y la más reciente la Ley 160 de 1994 rubricada en las postrimerías de la administración de Cesar Gaviria Trujillo ya en plenitud de la apertura económica y totalmente opuesta a las anteriores que fueron concebidas bajo el modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones, ISI.
El campesinado abriga la esperanza de retomar la productividad agraria y volver por la senda de la productividad en un modelo menos agresivo que hoy con la puerta totalmente abierta importa inclusive alimentos y productos que sembró Colombia como, por ejemplo, café, cebolla, plátano, papa, arroz, maíz, trigo, cebada y otros. A nivel pecuario son notorias las importaciones de carne y en mayor volumen y afianzándose como una gran amenaza las de leche y sus derivados.
Durante 30 décadas el país desconectó la ruralidad y pasó de los cultivos de ciclo corto a unos de mayor duración como palma de aceite, cacao y demás. En ese proceso de destrucción de la agricultura hizo carrera la intermediación, una práctica desleal que le quitó al empresario del campo lo poco que quedaba en rentabilidad y tranquilidad ya que muchos se vieron obligados a recurrir al crédito gota a gota y otras opciones leoninas de crédito, totalmente por fuera del sistema financiero legal.
La tarea apenas comienza, el país ve con optimismo una Ley de tierras que lleve equidad y laboriosidad al campo que con buenas siembras e intensa labranza logrará recuperar el terreno perdido para blindar al país en materia de seguridad alimentaria y aumentar las exportaciones. El ejecutivo es consciente que hay un daño de enormes proporciones, empero sabe que con los instrumentos necesarios podrá empezar la nueva era de la agricultura en Colombia, matizada por tierras cultivables, mayor oferta de productos y unas exportaciones realmente dinámicas.
En charla con Diariolaeconomia.com, el presidente de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, Nilson Antonio Liz Marien, afirmó que la organización campesina ha venido cualificando y fortaleciendo el liderazgo de la los labriegos en todo el país. Cabe anotar que a la zona sur le correspondió asumir la presidencia de la organización que representa los pequeños productores y a ese campesino que en este momento no tiene tierra, aspecto grave porque sigue en busca de una solución para poder trabajar.
Indició que, frente al sector agropecuario, la ruralidad tiene una expectativa muy grande por cuanto considera y confía que el Gobierno del Presidente Gustavo Petro, le dará un giro a toda la política pública frente a temas como economía campesina y producción de alimentos para el consumo en el país lo cual permite definir una estrategia, hacer un ejercicio de planificación que le permita al campesino llegar a las plazas de mercado, pero también seguir con oportunidades de comercialización en las cadenas y grandes superficies en condiciones más dignas ya que las políticas de los mandatos anteriores puso a los pequeños agricultores a producir a pérdida.
“Lamentablemente no hay subsidio a los insumos, una asistencia técnica coherente con las necesidades del pequeño productor y menos existe una sustentabilidad en los precios de los productos de la canasta familiar que le garantice a ese labrador cosechar sin registrar pérdidas. En ese sentido nosotros consideramos que hay una puerta abierta en el nuevo Gobierno para el sector agropecuario que merece todo el respaldo, ello buscando que la economía campesina que cosecha y alimenta a las grandes ciudades, pueda mejorar sus condiciones de vida”, apuntó el presidente de la ANUC.
Agregó que el campesinado necesita condiciones para seguir produciendo ese otro 50 por ciento de alimentos que produce Colombia y que viene importado, favoreciendo los sistemas productivos de otros países en donde el campo es asistido y premiado con altos subsidios.
Un asunto que alimenta las ilusiones en las veredas y centros de producción es el anunciado cambio en el modelo económico, una decisión esperada puesto que para muchos o por lo menos a criterio de una gran mayoría, llegó la hora de hacer sustitución de importaciones y entregarle al campo lo que se le quitó con una gran ventaja, potenciando los mecanismos de labranza.
Con una determinación de ese calibre, dijo Liz Marien, habrá una importante resurrección de la ruralidad colombiana, despensa y prenda de garantía de la seguridad alimentaria, pero también encomiable fuente de riqueza, empleo y oportunidad de vida decente.
En opinión del directivo, hoy puede decirse que la producción del pequeño agricultor y todo lo que tiene origen en la economía campesina ha estado huérfana de una política pública clara, de reconocimiento y obviamente de favorecimiento, así las cosas, indicó Liz Marien, puede considerarse que el actual es un buen momento puesto que el país puede generar y asimilar mucha riqueza pues con las capacidades agrícolas y de recurso humano Colombia no debe importar sino sembrar y generar oferta exportable en vista que cuenta con diversidad de suelos y climas.
Una agricultura próspera y sostenible, puntualizó el dirigente, generará empleo, mayores ingresos y el consecuente desarrollo, vendrá sin duda, expresó, una mejora en el indicador de calidad de vida de las comunidades campesinas, sacando provecho de las denominaciones de origen y de unas condiciones que posiblemente repotencien la productividad agrícola y pecuaria.
A lo anterior, insistió Liz Marien, debe sumarse el compromiso y la voluntad política, elementos vitales para darle forma a una nueva etapa de protección y acompañamiento al pequeño productor que fácilmente está en capacidad de poner en el mercado comida diferenciada de origen, todo sobre la base de unos encadenamientos importantes en donde entran siembras, cosecha, transformación y desde luego una comercialización en mejores condiciones y a precios rentables dentro y fuera del país.
Al dialogar sobre el pasado, presente y futuro del agro, hubo tiempo para evocar décadas como los sesenta, años 70 y 80 cuando era usual ver desde la orilla de las carreteras cultivos diversos en todo tipo de clima, verbigracia siembras interminables de algodón, ajonjolí, papa, frutas, café, soya, sorgo, maíz, trigo, cebada, yuca, arveja, zanahoria, habichuela, arracacha, remolacha, cebolla, frijol, verduras y unas ganaderías que ya hacían su tarea con el cruce de bovinos cebú y la cría de ganado europeo de leche. Un paisaje productivo que fue perdiendo color, vida y volumen con el promocionado libre comercio y la mal recordada apertura económica que dejó en banca rota a muchos agricultores y empresarios apenas en su despegue.
Un mecanismo muy recordado y perentorio en la actualidad es el Instituto de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, que le dio margen de utilidad a los agricultores, pero que fue marchitado lentamente en manos de la corrupción y la clase política inescrupulosa. La entidad, sumamente útil para el productor primario, fue muy bien cimentada, sin embargo, los intereses de fortalecer la intermediación, fue derribando un esquema que ante los ojos del país fue desmoronándose.
Dadas las condiciones, no hay una entidad que cumpla las funciones del otrora IDEMA que garantizó la estabilidad y sustentabilidad de los precios.
Rechazó el accionar de la intermediación que se afianzó como un cartel que tiene a los campesinos más apretados y ahogados, una situación tan apremiante que conllevó a una merma de la producción porque muchos labriegos se desestimularon al no encontrar a quien venderles a precios justos y monetizar su increíble esfuerzo, tan solo vieron intermediarios muy ricos que del campo poco saben, tan solo aprovechar momentos y liquidar a los desesperados lugareños.
“Creemos que el IDEMA jugará un papel muy importante y así lo anunció la nueva Ministra que una de las misiones trascendentales será darle nuevamente vida a la entidad de mercadeo por ello confiamos que ese retorno será afortunado porque protegerá y defenderá al pequeño productor, no hay vacilación alguna, será determinante”, declaró el señor Liz Marien.
En el momento actual, deploró el directivo, Colombia está importando maíz ya que su producción bajó, precisamente por falta de condiciones y porque resulta más barato comprarlo en Estados Unidos en donde los agricultores reciben subsidios y estímulos, en tanto que en Colombia no hay para la producción primaria mecanismos de producción.
Manifestó que preocupantemente los arroceros se han ido acabando, igual los algodoneros y los productores de sorgo, en esencia por las importaciones.
Los mejores precios del producto importado, precisó Liz Marien, son atractivos para los intereses de los intermediarios que inundan el país con bienes agrícolas de distintos países que hoy los mismos campesinos están consumiendo. Un agravante, advirtió, es que están llegando cereales y alimentos sin la mínima trazabilidad, desconociendo el origen y lo más alarmante, el país sigue internando cáncer.
Los TLC demandan revisión y ajustes
El Presidente de la ANUC, Nilson Antonio Liz Marien, expuso que el Gobierno en cabeza del ministerio de Agricultura debe revisar con mucho rigor los tratados de libre comercio que fueron negociados con prisa, sin táctica y con poca inteligencia, a tal punto que se habló de sectores sacrificados y de la pérdida de la actividad agrícola e industrial en algunos casos por efecto de las masivas importaciones avaladas con los acuerdos en vigor.
En su análisis, el directivo razonó que los TLC abrieron las compuertas de la competencia desleal y de la masiva importación de productos que precisamente tienen en quiebra a los agricultores y ganaderos locales que siguen vendiendo bienes a pérdida y prácticamente subsidiando la sustentabilidad del país. Liz Marien, aseveró que los acuerdos fueron impuestos por algunos gobiernos que pusieron las condiciones, un juego en el que Colombia cayó y perdió hasta la camisa, reflejo de ello el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos.
En esas negociaciones, subrayó Liz Marien, no hubo la más tibia intensión de ayudar al agricultor colombiano, simplemente fueron negociando un número largo de convenios que terminaron castigando la producción nacional, dejando en alta vulnerabilidad algunos sectores productivos que ya sienten pasos de animal grande. Es por eso, sostuvo, que se hace primordial revisar los TLC y propender porque sean verdaderamente útiles y funcionales, de lo contrario, dijo no valen la pena porque representan el éxito de unos con cargo al lamento y la tragedia de otros.
Es por eso, repitió, que deben mejorarse las condiciones de negociación, buscando desde luego la protección a los agricultores locales que saben de calidad, pero que no pueden competir con otros países en donde subsidian las labores agrícolas. Un punto adicional que resta competitividad, explicó, es el lato precio de los insumos que le restan ganancia a las actividades el campo. La ANUC demandó mayor asistencia técnica porque hay casos en el que esta llega cuando se paga de manera particular.
La reforma agraria ilusiona
El revolcón en la Ley de tierras, un propósito del actual mandatario, tiene al campesinado soñando, a sabiendas que la adjudicación de predios debe ir acompañada de infraestructura, bienes públicos, herramientas, distritos de riego, almacenamiento, semillas, vivienda, asociatividad y facilidades de educación, salud y pensión.
El tema, dijo el presidente de ANUC, ha sido de larga espera por parte de los campesinos por cuanto muchas políticas se convirtieron en ofrecimiento políticos que terminaron en una movida legislativa como pasó con la Ley 200, pero igual con estatutos como el 135, 161, la Ley 160 y otras más, también fueron expedidos decretos con la misma finalidad, uno de ellos el 902, es decir que siempre se ha hablado de reforma agraria en el país, lo malo es que cada disposición limita las posibilidades de hacer una equitativa y justa repartición de tierras con fines productivos.
“En ese frente ha sido común ver una serie de contrarreformas que propiciaron un castigo recurrente al productor. Hoy tenemos la esperanza, con el nuevo Gobierno y el Congreso, al parecer comprometido con resarcir males de antaño, se pueda encontrar una verdadera Ley de reforma Agraria que dé cuenta de las necesidades que tiene el campesinado. Es hora de entregarle tierra improductiva al cultivador sin tierra para que la vuelva fructífera y remunerativa”, precisó Liz Marien.
El experto añadió que, si bien hay un espaldarazo de la ANUC al Gobierno para que reforme o le dé vida a una nueva Ley de reforma agraria, hay consciencia en los campesinos que el proceso va a demorar por los debates en el legislativo y los contrapiés que encontrará la propuesta, es por eso, subrayó el dirigente que el proyecto no saldrá de la noche a la mañana.
Pidió calma y paciencia, reiteró que habrá respaldo al proyecto de Ley de reforma agraria radicada en el Congreso y anunció que la ANUC trabajará conjuntamente con el Congreso para decirle estrictamente cuales son las necesidades del campesinado. A criterio de Liz Marien, el proceso tardará como mínimo dos años.
Desde su punto de vista, el Gobierno tendrá que darse la pela por definir una institución seria que aplique la Ley tal cual reza, un asunto que necesitará mucho tiempo, de todas maneras, el presidente de ANUC enfatizó que mientras todo queda en firme, hay una herramienta expresada en la ley 160 de 1994 que establece un subsidio para la adquisición de tierras, en efecto la salida momentánea que será de gran utilidad haciéndole los retoques que demande mientras se aprueba la nueva Ley, esa una contingencia, señaló, para evitar que el país siga huérfano en los próximos dos o tres años de vida jurídica en tanto hay humo blanco en el Congreso.
La ANUC es clara en el respaldo incondicional al Gobierno en sus reformas, en todo el ejercicio legislativo que implique un cambio de política para quienes no han accedido al bienestar público, de todo modos expuso que hay desespero en la gente que durante años de conformismo y dilación en las soluciones están queriendo tomar posesión de tierras que no son de su propiedad lo cual se constituye en una falta grave y un ataque a la propiedad privada ya que no hay un código aprobado en donde se entreguen baldíos o tierras apropiadas para el sembradío.
“Hacemos un llamado a todos los sectores sociales, comunidades indígenas, asociaciones campesinas y colectividades afro para que adelantemos un ejercicio de encuentro con el Gobierno nacional y así establecer una ruta que permita ir avanzando por las vías legales y concertadas mientras que es definida una Ley de reforma agraria que resuelva las necesidades de las poblaciones que viven en el sector rural”, afirmó el presidente de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, Nilson Antonio Liz Marien.
Los campesinos agrupados en ANUC confían en el retoñar del campo, de la economía agraria y campesina, capaz de retomar los aperos y producir alimentos para el país y otras latitudes incluida Venezuela que abrirá la frontera a partir del próximo 26 de septiembre, una acción que genera expectativa la cual invita a creer en la fuerza y atrevimiento de dos países hermanos llenos de afinidades desde los más resplandeciente hasta lo más triste, doloroso y heroico.
Hay mucha esperanza en los arruinados campesinos, creen en el nuevo Gobierno y sienten que por fin se podrá dar un cambio afortunado que permitirá llevar negocio, delirio, paz y futuro a la sufrida ruralidad.


